“La batalla por la supervivencia: agricultores estadounidenses ante el desafío de un mercado global en constante cambio y la disminución del apoyo federal”

En un momento en que la relación entre Estados Unidos y sus socios internacionales se halla sometida a una presión sin precedentes, es necesario repasar la historia detrás del vínculo entre agricultores estadounidenses y el ejercicio global del poder de Estados Unidos. Aunque el presidente Donald Trump parece haber asestado un golpe fatal a esta …

"La batalla por la supervivencia: agricultores estadounidenses ante el desafío de un mercado global en constante cambio y la disminución del apoyo federal"

En un momento en que la relación entre Estados Unidos y sus socios internacionales se halla sometida a una presión sin precedentes, es necesario repasar la historia detrás del vínculo entre agricultores estadounidenses y el ejercicio global del poder de Estados Unidos. Aunque el presidente Donald Trump parece haber asestado un golpe fatal a esta relación de 85 años, en realidad se trata de una tendencia que se remonta al final de la Guerra Fría.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno estadounidense comprendió la importancia de vincular la agricultura a la política exterior. A través del programa de ayuda alimentaria, Washington utilizó los fondos de los contribuyentes para comprar alimentos a los agricultores estadounidenses y enviarlos a aliados hambrientos en el extranjero. Esta diplomacia agrícola se convirtió en una herramienta poderosa para mantener las alianzas y fomentar la estabilidad en un mundo en guerra.

La tradición de utilizar la agricultura como instrumento de política exterior continuó durante la Guerra Fría. Programas como el Agricultural Trade Development Assistance Act (Public Law 480) permitieron a Estados Unidos enviar alimentos y otras mercancías agrícolas a países amigos y aliados, lo que fortaleció sus relaciones y promovió la estabilidad en un mundo dividido entre Oriente y Occidente.

Sin embargo, hacia finales de la década de 1980 y principios de la de 1990, comenzó a producirse una desconexión entre agricultores estadounidenses y el ejercicio global del poder de Estados Unidos. La Guerra Fría había terminado y la Unión Soviética había desaparecido, lo que dejaba a Washington sin un enemigo claro para contrarrestar.

En lugar de eso,