En los últimos meses, Estados Unidos ha llevado a cabo una ofensiva militar contra organizaciones del narcotráfico que operan en el Caribe y el Pacífico. Aunque la justificación oficial es la lucha contra el terrorismo, las consecuencias han sido devastadoras: más de treinta embarcaciones hundidas y al menos cien muertes, con una persona desaparecida. La …
El despliegue militar de EE. UU. en el Caribe y el Pacífico: una ola de violencia que deja centenares de víctimas inocentes

En los últimos meses, Estados Unidos ha llevado a cabo una ofensiva militar contra organizaciones del narcotráfico que operan en el Caribe y el Pacífico. Aunque la justificación oficial es la lucha contra el terrorismo, las consecuencias han sido devastadoras: más de treinta embarcaciones hundidas y al menos cien muertes, con una persona desaparecida. La mayoría de los afectados son marineros y pescadores que vivían en paz en sus comunidades costeras.
La narrativa oficial sostiene que se está enfrentando a “carteles de la droga latinoamericanos” que operan como organizaciones terroristas, justificando así las operaciones militares letales de tropas estadounidenses en aguas internacionales. Sin embargo, muchos han cuestionado esta visión simplista y han criticado la falta de transparencia y accountability en la implementación de estas estrategias.
La realidad es que la mayoría de los fallecidos son civiles inocentes que se encuentran en el lugar incorrecto en el momento incorrecto. La zona de operaciones, por ejemplo, coincide con las rutas más comunes para la pesca y el comercio marítimo. Es como si Estados Unidos estuviera bombardeando una ciudad sin distinguir entre militares y civiles.
El despliegue de buques militares en el Caribe, ordenado por el presidente Donald Trump en agosto, ha sido ampliado a otras áreas del Pacífico. La presencia militar estadounidense se ha incrementado significativamente en la región, lo que ha generado un ambiente de inquietud y temor entre los pescadores y los habitantes costeros.
La comunidad internacional también ha expresado su preocupación ante esta situación. Algunos líderes han calificado las acciones de Estados Unidos como “ilegales” y “inaceptables”, mientras que otros han denunciado la falta de diálogo y cooperación con los países afectados.
A medida que la ofensiva militar continúa, es importante recordar que las vidas humanas están en juego. Los fallecidos, desaparecidos y heridos no son simplemente estadísticas o números en un informe; son seres humanos que tienen familias, amigos y comunidades que los necesitan.
En lugar de seguir adelante con la narrativa oficial, Estados Unidos debe enfocarse en encontrar soluciones efectivas y humanas para el problema del narcotráfico. La guerra no es la respuesta, especialmente cuando se está dañando a civiles inocentes. Es hora de replantearse estrategias que promuevan la cooperación internacional, el diálogo y la justicia social.
La situación en el Caribe y el Pacífico es un reflejo del caos y la desesperanza que caracterizan nuestra época. Sin embargo, también es una oportunidad para que Estados Unidos y otros países desarrollen políticas más inteligentes y humanas para enfrentar los desafíos globales. Es hora de cambiar el curso y priorizar la vida y la dignidad de las personas sobre la guerra y la violencia.






